NUEVA JERSEY.- ¿Cómo no empezar por el final? Si algún inexperto tiene pensado servir un postre una vez en su vida, el último gol de Lionel Messi ayer en East Rutherford, es la receta perfecta. Una apilada clásica en él, seguida de un disparo que se coló en el ángulo a los 84 minutos y que le puso fin a las emociones de un partido histórico por donde se lo mire. Con ese bocado de gloria, Argentina derrotó 4 a 3 a Brasil.

Cualquier otro mortal se hubiese conformado con los dos goles que dieron vuelta el 0-1 con el que empezó el seleccionado pero no Messi. Y menos mal que Alejandro Sabella cuenta con el apetito inacabable del rosarino porque sino, estaríamos hablando de una goleada en contra.

Argentina acumuló fallas en el arco, la defensa, el medio campo e incluso en el área rival, aunque por supuesto, éstas no vinieron de los pies de Lionel. Con esa inseguridad global la desventaja era una fruta madura y cayó a los 22 del primer tiempo. Pero... dos mano a mano, uno gracias a Ángel Di María pusieron el 2-1.

El poderío del rival en ataque se confirmó en cada avance y le dio la razón a Sabella, que a último momento se jugó por algo más conservador que el tridente ofensivo que liquidó al débil Ecuador. Brasil pasó de la derrota al triunfo parcial en un ratito.

Los últimos 20 minutos de partido tendrían a varios protagonistas: Sergio Romero (error y 3-2 de Hulk), Federico Fernández (salto y 3-3 para acompañar a "Leo") y obviamente Messi que faltando seis minutos haría sonreír a todos cuando había varios motivos para tener el ceño bien fruncido.

Mejorar es una consigna segura para este equipo, pero con Messi de su lado nada es imposible. Nada.